El doble en la brujería y la hechicería aragonesas
- 8 jun 2021
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El filólogo e historiador medievalista Claude Lecouteux plasmo en su afamado libro “Hadas, brujas y hombres lobo en la Edad Media. Historia del Doble”, una teoría que conectaba las viejas historias de hadas y licántropos, con el estereotipo europeo de la bruja y ciertas creencias paganas. Y resultan tan acertadas sus palabras que a pesar de apoyarse en casuística escandinava y paganismo nórdico; se pueden apreciar rasgos y aspectos que Lecouteux describe, en lugares tan lejanos como Aragón. Leyendo este libro me asombré de las similitudes entre testimonios de actos de brujería de un lado y el otro, así como de la relación que el autor establecía con un sentido común que permitía transmitir lo complejo de forma amena. Para dotar el artículo de cierto orden, trataré primero las diabluras que realizaban las broxas (los dobles o espíritus) y después otros temas que pueden relacionarse como la posesión demoniaca y la hechicería.
*A pesar de que investigadores como María Tausiet (“Ponzoña en los Ojos. Brujería y superstición en Aragón en el siglo XVI”) o Ángel Gari (“Los aquelarres en Aragón según los documentos y la tradición oral) han asumido la posibilidad del vuelo de las brujas como salida del doble y viaje espiritual, no he agregado un apartado de este tema por no haber encontrado algún detalle concreto en documentos o procesos. Sin embargo podría recuperar la creencia en los bulturnos, mantos o bolas de humo o niebla en los que las brujas se envolvían para no ser vistas mientras volaban. Este aire o humo, es semejante al que cita Lecouteux como símbolo del espíritu que abandona el cuerpo.
I. Diabluras nocturnas
En 1591 es incoado un proceso en el zaragozano pueblo de Cosuenda contra una mujer llamada Isabel Garay. En dicho proceso Isabel es acusada de realizar variadas maldades durante la noche, muy similares a las mencionadas por Lecouteux en su obra:
“Havra diez años poco mas o menos que estando este deposante en la cama en compañía de su mujer […] a las diez de la noche, estando despierto […] sintio que se llego hazia el una persona que se acosto al lado del deposante, en su propia cama y, viendo esto, el deposante estuvo un poco suspenso por ver lo que seria. Y de allí a un poco, este deposante alargo la mano y la hecho hacia los pechos de la persona que se acosto a su lado, y no la pudo tomar porque se le deslizo de la cama y se le hecho hazia los pies della. Y luego volvio el deposante a echar la mano y acerto a tomar del braço a aquella persona que se le había puesto al lado, a la cual tuvo fuertemente, y luego aquella persona echo su otra mano a la del deposante, y con la fuerza que hizo se le solto al deposante. Y luego que estuvo suelta y libre hablo y el dixo: candia, vellaca, y que fuerça que tienes. Y entonces el deposante conocio en la voz que era la dicha Isabel Garay la que había hablado. Y assi luego se fue. […] Y despues procuro el deposante despertar a su mujer, llamandola por su nombre y dandole con sus pies y manos en su persona. Y nunca pudo despertarla en espacio de mas de una hora. Y quando despertó dicha su mujer, tras contarle lo que había sucedido, ella se espanto mucho.”
En este proceso se contemplan varios aspectos que Lecouteux advierte en la casuística escandinava tales como la ensoñación profunda de los presentes que no son testigos (en este caso, la mujer del deposante), la propia maldad o pesadilla que causa la supuesta bruja y el reconocimiento de su persona (no por algo tangible como la forma o el aspecto sino por la voz). En otro testimonio del mismo proceso se dice:
“Que a Joanna Gavaria, donzella, vezina deste lugar, le ha oydo dezir que una noche la sacavan rastrando de la cama y que lo hazia Isabel Garay.”
De nuevo hallamos otra diablura realizada por la acusada de brujería, de noche y colándose en la casa de la víctima durmiente (a pesar de estar puertas y ventanas cerradas a cal y canto, detalle que Lecouteux destacaría como prueba del estado intangible de la bruja). Pero regresemos al proceso para rescatar un último testimonio, tan revelador como sorprendente:
“Fueron a la puerta de dicha Isabel Garay a hazer con otros amigos suyos musica a una sobrina suya. Siendo ya medianoche, se adurmieron el dicho su primo y otros dos amigos que con ellos estavan, y este deposante siempre estuvo despierto. Y estando assi, vio este deposante, por la una parte de la calle, venir a una mujer desnuda en carnes, con solas calças y sin cofia ni nada. Y llego, y reconozio a todos los tres que estavan durmiendo. Y despues, se puso a cavallo encima de Miguel Llorente (el deposante) y le empeço a desabrochar los pechos. Y viendo esto el deposante dixo: ¡Cuerpo de tal con la vellaqueria! ¡Esto se puede çufrir a estas horas! Y en decir esto, luego un torvellino se desaparezia y no la veya. […] Y de alli a un rato, por otra parte de la calle vio venir a la dicha muger otra vez desnuda en carnes, y llego a conozer a los tres como de antes. Y hecho aquello, se puso otra vez a cavallo encima del dicho Miguel Llorente. Y este deposante bolvio a dezir ¡Cuerpo de tal con la desvergonçada! Y luego se desaparezio en una olada de ayre. Y de alli a otro poco rato, vio por la parte baxa de la calle que bolvia la dicha muger desnuda como de antes. Y vino drecha, y se pusso a cavallo encima del dicho Miguel. Y viendo esto este deposante, quiso tomarle de la mano, y luego se le desaparezio. Y este deposante procuro de conozer a la dicha muger, y nunca pudo. Pero sospecho y tuvo por cierto que era la dicha Isabel Garay, porque le parezia mucho en el ayre y modo de andar.”
Al igual que las historias aportadas por Lecouteux en las que el hombre lobo o la bruja se aparece varias veces a la víctima, desapareciendo extrañamente y a menudo en forma de “torvellino, olada de ayre…” (probablemente bulturnos), Isabel Garay comete sus fechorías de noche y adormeciendo con su presencia a los acompañantes del deposante. Además la mujer vuelve a arremeter contra su víctima hasta en tres ocasiones lo que recuerda a “El Orbe del Mundo” (Heimskringla) por Snorri Sturluson que cita Lecouteux como documentación de una pesadilla causada por una bruja. En él, el doble de la hechicera ataca al rey Vanlandi tres veces antes de matarlo definitivamente. Tampoco se ha de pasar por alto el detalle de que cuando cualquiera de los testigos cuentan que cuando tocan o agarran a Isabel esta se altera y huye. (En este caso consigue zafarse de Miguel antes de que la tome de la mano). Este detalle es reflejo de la creencia de que si se toca o habla al doble, este quedara impedido para regresar a su “envoltura carnal” (como escribe Lecouteux).
(Los extractos del proceso han sido tomados de la transcripción ofrecida por María Tausiet en su libro “Ponzoña en los Ojos. Brujería y superstición en Aragón en el siglo XVI”).

También encontramos hechos similares en procesos como los incoados a Águeda Ruiz y Joana de Liesa (Bolea, Huesca), la Dalmava y la Burguesa (Peñarroya de Tastavins, Teruel) o Marta Morera (Monroyo, Teruel). En el proceso a esta última se relata el encuentro de unos hombres con la que parece ser Marta, en condiciones muy extrañas, durante la noche y tras regresar quizás de un conventículo en “los pueblos nevados”:
“[…] fueron al aposento donde dormia la dicha Marta Morera […] y no la hallaron. Entonces dixo el frances vamos a ver si hay puerta o ventana alguna abierta y hallaron que todas estaban cerradas y buscaron en toda la casa y no la hallaron […] Y en habiendo salido de la massada lodeando la hallaron que estava a una esquina dela massada descavellada y con unas faldillas solas y los cavellos sueltos sobre la cara que causaba temor. Entonces dixo el francés en compañía del deposante a Bruxa, de donde vienes? Vienes de los pueblos nevados […] Y entonces tomo un leno para darle con el aunque no lo hizo y la dicha Marta Morera no le dico palabra alguna sino que se entro en la massada […]”.
En este relato la acusada no está en su cama a altas horas de la noche, apareciendo en la calle con aspecto tenebroso (en otras líneas del proceso se la describe con aspecto de “trasnochada o con mal color”). Además no deja puerta o ventana abierta, aludiendo a que salió de la casa sin necesidad de atravesarlas; característica recurrente en las historias de brujas que menciona Lecouteux y que también hemos visto en el proceso de Isabel.
(El extracto del proceso ha sido tomado de la transcripción personal del/la autorx).
Encontramos sustitutos aragoneses a las leyendas de brujas y gatos aportadas por Lecouteux en su obra, una de ellas podría ser la del gato negro que mataba a la mejor cabalgadura de la casa durante la noche de la misa del gallo (la tenéis en una publicación de Instagram) y termina siendo la abuela de la familia, reconocida por una pierna rota (que había sido rota al gato negro la noche anterior). También encontramos la fórmula repetida en otras leyendas como “La hilandera sospechosa” o “¿Barbas y filas?”, ambas recogidas en el libro “Bruxas y bruxones. Leyendas aragonesas de magia y brujería” por José Dueso. Todas estas historias tienen en común el reconocimiento de la supuesta bruja por la marca o por el daño que se le causa a un animal maléfico como suele ser un gato negro, esto debido a que cuando el doble regresa a su "envoltura carnal" esta asimila los daños que se le han hecho al espíritu.
II. Posesiona demoníaca
También encontramos reflejos de estas creencias en otros sucesos de índole sobrenatural como la afamada oleada de posesión demoníaca que asoló el valle de Tena afectando especialmente al pueblo de Tramacastilla de Tena y que culminó con la detención de Pedro de Arruebo y sus lacayos como brujos artífices de las posesiones (1637-1643). Analizando lo acontecido se perciben más detalles comunes a lo expuesto por el autor cuya teoría motiva este artículo, por ejemplo las posesiones no se creen provocadas por la actuación espontanea de espíritus maléficos sino por la infinidad de hechizos y conjuros elaborados por brujos y hechiceros escondidos. Al caer presa de tal encantamiento, la posesa (pues las víctimas fueron mayormente mujeres) se mostraba incapaz de ver la hostia consagrada, presentaba una agresividad salvaje y producía grandes prodigios y adivinaciones. Esto podía representar su corrupción espiritual por la acción de un agente externo -el doble de la bruja- generando sacrofobia y a la vez otorgando capacidades mágicas. También son destacables las posesas que sufren la repentina necesidad de ladrar como perros, especialmente en la iglesia. Este extraño mal se menciona por primera vez en el proceso incoado contra Narbona Dacal en 1498 (Cenarbe, Huesca) y se aclara que es el resultado de las ponzoñas que la acusada de brujería prepara. Igualmente es culpada de esto en la villa de Luna la viuda Ana Pérez Duesca durante 1645 y en Biescas se menciona que una bruja llamada Maut o Manaut provocó que su hijo ladrara como un perro.
Y comportarse como un animal –ladrar como un perro- no deja de ser en cierto modo una metamorfosis (los afectados creen haberse trasformado en perros y por lo tanto comienzan a comportarse como tal; ladrando y arrastrándose por el suelo). De estas metamorfosis escribe Lecouteux acentuando la combinación del doble psíquico (que el nombra como fylgja animal) y el doble físico (denominada hamr), también menciona la posibilidad de la metamorfosis por la ingestión de un “veneno” (esto lo hace a través de un relato escrito por Agustín de Hipona, que narra la conversión onírica en caballo del padre de un tal Prestancio).
III. Hechizos a la sombra
Para terminar considero de gran importancia analizar los hechizos y fórmulas mágicas “a la sombra” realizados por las hechiceras zaragozanas del siglo XVI, pues giran en torno a la comunicación con el doble de la hechicera representado por su propia sombra o por el palo de una escoba. Se trataban especialmente de trabajos mágicos dirigidos ligar parejas o a traer enamorado al ser amado del cliente, para ello la hechicera se disponía completamente desnuda delante de una vela para que apareciese su sombra a la que encomendaba su intención con un conjuro u oración. También cabía la posibilidad de vestir a una escoba y dejarla detrás de una puerta para que esta fuese a hacer el trabajo a modo de agente espectral. Lecouteux menciona a la sombra como tenida a lo largo de la historia como representación del doble, así como atribuye a la ropa y a los huesos las propiedades “personificadoras” que al parecer tan bien aprovechaban las conjuradoras de estas tierras. Adjunto el conjuro a la sombra que usaba la acusada de hechicería y nigromancia Catalina Aznar –alias, la Aznara o la Azuara- para que saquéis vuestras propias conclusiones: “Sombra, cabeça tienes como yo, cabellos tienes como yo, cuerpo tienes [como] yo, todos los miembros tienes como yo: yo te mando que ansy como tienes, mi sombra verdadera, que tu vayas a ________ e lo traygas para mi, nque no pueda comer ni bever, ni aver ningund plaser hasta que venga a mi querer, e darme lo que tuviere, e decirme lo que supiere, e sy me lo traxeres yo te ben diré, e sy no me lo traseres yo te mal diré.”
(Conjuro extraído del proceso incoado contra Catalina Aznar, transcripción ofrecida en “Abracadabra Omnipotens. Magia urbana en Zaragoza en la Edad Moderna” por María Tausiet).
Bibliografía:
“Abracadabra Omnipotens. Magia urbana en Zaragoza en la Edad Moderna” por María Tausiet.
“Bruxas y bruxones. Leyendas aragonesas de magia y brujería” por José Dueso. “Brujería e Inquisición en Aragón” por Ángel Gari.
“Hadas, brujas y hombres lobo en la Edad Media. Historia del doble” por Claude Lecouteux.
“La posesión demoniaca en el Pirineo Aragonés” por Ángel Gari
“Los aquelarres en Aragón según los documentos y la tradición oral” por Ángel Gari.
“Ponzoña en los Ojos. Brujería y superstición en Aragón en el siglo XVI” por María Tausiet.
*La imagen que acompaña a este articulo es un detalle de una ilustración mayor procedente de un tratado de astrología francés del siglo XV.



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