A vueltas con María Vizcarreta
- 13 mar 2022
- 19 Min. de lectura
Actualizado: 26 mar 2022
Cuando estaba transcribiendo el proceso incoado en 1651 contra María Vizcarreta, me fui dando cuenta de que por el contenido "mágico-mitológico" del juicio y los testimonios tan interesantes que aportaban los acusadores debía dedicar algo más allá de una publicación de Instagram. En dicha plataforma intento centrarme en los datos más básicos (fecha, lugar, nombre del acusadx, sentencia, bibliografía...) y a veces añado detallitos más orientados al contenido folclórico del juicio; pero he pensado en dedicar aquí en el blog, artículos más largos con mayor atención a todas aquellas particularidades presentes en confesiones, acusaciones, cargos...
Dicho todo esto, adentrémonos a desentrañar la posible verdad y la posible añadidura injusta que supuso la condena a muerte de esta mujer.
María pudo haber sido natural de Calatorao o de Lumpiaque (por hacerse mención a que antes de mudarse a Épila vivió en estos municipios y haber participado en su proceso en calidad de testigos los justicias de ambos lugares); pero se especifica que llevaba viviendo en Épila desde hacía 20 años. Su marido se llamaba Francisco Escrivano y mientras ella estaba en prisión siendo enjuiciada por "bruxa", su marido también enfrentaba la dureza y frialdad del encarcelamiento (es posible que por degollar al ganado ajeno ya que de esto lo acusa el justicia de Lumpiaque). Ejercía como partera o comadre, siendo su oficio uno de los elementos más repetidos en el proceso como evidencia de su práctica como "hechizera". Fueron muchos los testigos que dieron testimonio de la mala fama de María, aunque menos los que detallaron sucesos vividos en relación a la sospechosa; empecemos por aquellos que narran más minuciosamente sus experiencias respecto a María.

Obviando el orden en el que aparecen estos testimonios y escogiendo un orden nuevo, que aporte mayor claridad al análisis de lo narrado; empezaremos con el supuesto maleficio mortal en 1645 al hijo de Agustín de Mendoza y Mauricia Sánchez. Para Agustín la convivencia con María ya era complicada antes de la muerte de su hijo, pues explica que aunque ella le "hablava con buen semblante y, demostraciones de voluntad...", él no quería que le tocase (ni a él, ni a "cosas suyas"). Comenta incluso que cuando conversaba con ella, hacía bajo su capa la señal de la cruz o de la higa, ambas acciones de protección contra la influencia del mal de ojo (la cruz actuando más concretamente como elemento profiláctico de lo impío). Según él, María tomó a su pequeño de 19 meses y comenzó a jugar con él (en el proceso se utiliza la expresión "hacerle fiestas", que también tiene la acepción de ser cariñoso con...) mientras le susurraba "Valgate el Diablo, que bonito que eres" y "Bellaco negro malla". En determinado momento "le puso las manos debaxo las faldicas" (en la réplica María dirá de esto "Que el meter la mano al niño debaxo las faldicas, sin otra cosa, no fue ni era para hazerle mal ni daño, porque es proprio de mugeres"). Esto constituyó para Agustín motivo de "rezelo", por lo que se apresuró a decir: -"Voto a Dios que seria esta la del carro, que tal fuesse que tuviessemos algo".
A la mañana siguiente Agustín y Mauricia descubrirían con horror que su hijo había caído preso de un mal desconocido, se hallaba como desganado e indispuesto y por no encontrarle con calenturas (fiebres) llamaron al sacerdote de la villa. Este realizó sobre el pequeño sus exorcismos, pero la extraña dolencia no remitió sino que se acrecentó en virulencia e intensidad. Tres días después el niño "...murio con rabias, y inquietudes, sin hallarle calenturas, y sin poderle conocer otro accidente ni enfermedad...". Un tiempo después (ya fallecido el pequeño y comenzado el proceso) Agustín confesará que temiendo la ominosa posibilidad de que todo fuese obra de María, quiso "que ella misma fuesse a verlo, por si lo podia curar..., por aver oìdo que la que haze el daño lo puede curar". Sin embargo, el empeoramiento y consecuente muerte de su retoño ocurriría de forma tan vertiginosa que o bien no dió tiempo a llamar a la sospechosa, o bien se descartó contar con ella como sanadora.
Y mientras agonizaba y moría, al pequeño lo asistía un cirujano profundamente atormentado, un hombre de ciencia que no solo no era capaz de entender la causa de la muerte del infante sino que además "un hijo suyo avia muerto del mismo modo".
Lo cierto es que solo podemos imaginarnos el estado de exasperación, duda y quizá enajenación que experimentaba este cirujano que pronto se tornaría en testigo y acusador, su nombre era Pedro de Asta. Pedro narra de lo sucedido que "le llamaron el dia que murio el niño, hallò muy afligidos, y desesperados a los padres; (ahora pasa a hablar del niño) lo vio rabiando, y no tenia calentura, ni se le conocia enfermedad alguna". Ante tal disyuntiva el cirujano arrojaría una pregunta que, rasgando la memoria de los afectados progenitores, cambiaría el destino de María Vizcarreta: "Preguntò si tenian sospecha...". Agustín recordaría entonces los cariños y juegos de María con su hijo y contó todo a Pedro quién rápidamente ordenó que el cuerpo inerte del niño no fuese amortajado. El cirujano desnudó e inspeccionó el cadáver infantil aún caliente por la vida que lo abandonaba y descubrió espantado que el cuerpo en su parte baja había adquirido un tono moradizo "señal de hechizado". Pedro de Asta a quién "un hijo avia sucedido lo propio" pidió a su esposa Tomasa Rubio que también lo examinase y esta reconoció en el niño, las mismas manchas que en su descendencia habían aparecido al enfermar. Este supuesto infanticidio pesará sobre los hombros de María en forma de gravísimo cargo por brujería y le supondrá el desprecio y oprobio de sus vecinos, aquellos que tras denunciar y testificar contra ella; observaron posiblemente su aciago final, la horca. Y aunque este primer testimonio pueda dar la impresión de haber dado los motivos necesarios para ejecutar a una sospechosa por brujería, muchos otros se acumulan en las actas de este juicio. Es el caso del aportado por Vicenta Sopena -mujer de un tal Juan de Peña- que cuenta que en una ocasión escuchó a María decirle a su marido Francisco, porque en la calle lloraba un niño: "Maten a esse niño, y echenlo en pan, que no ai cosa mas gustosa, que son los garronzicos de las criaturas". Ante semejante declaración, la hija de Vicenta, Leonarda de Peña preguntó que "de donde lo sabia, si los avia comido". María respondió únicamente que lo había oído decir, pero en las actas del proceso se añade "aunque no dixo aquien, ni en donde". ¿A que se refiere con esta frase el redactor del testimonio?, ¿está refiriendo a que se creía que María pudo tener contacto con otras supuestas "bruxas"? ¿o que fue en un conventículo (reunión demonolátrica) dónde escucho tan macabra afirmación?
Vicenta prosigue narrando que tras el primer incidente María fue un día a su casa para comprarles un almud (antigua unidad de medida) de salvado y conversó con Leonarda, mostrando interés en como se encontraba la joven. Tras marcharse de nuevo a su casa la sospechosa, Leonarda cayó de pronto al suelo fulminada; quedando en tal estado que su madre pensó que estaba muerta. Leonarda recobró la conciencia pero quedó "enferma con muchos dolores y ansias que le atormentavan el cuerpo". Paso un mes de este modo, y al ver a Leonarda sufrir tanto; su madre tomó la decisión de llevarla a casa de María, teniendo presente la misma creencia que tuvo antes que ella Agustín de Mendoza: "que la que haze el daño lo puede curar". Una vez allí María preguntó a la desdichada hija de Vicenta "como le iva" y respondió esta otra que "muy mal", María se le acercó y la cogió de la mano "si quiere de mas arriba del pulso" diciéndole entonces: "No te aflixas que no serà nada tu mal".
(En el proceso se hace alusión a que María no solo la tomó de la mano, sino que comenzó a frotarle -"estregò"- el brazo. Además en una recapitulación de los testimonios-la "Allegacion" final- se añade que Leonarda se recuperó por ensalmo, esto hace posible conjeturar que quizá María llevaba a cabo cuidados de tipo mágico-medicinal. Lo que encajaría con su oficio de partera, así como las posteriores acusaciones de hechicería -aunque esta entonces sería benefactora o curativa-). Vicenta asegura que pasados tres días de la visita, Leonarda pudo abandonar el lecho en el que había quedado postrada hacía un mes, quedando completamente curada de todo mal que la había aquejado.

Otro de los testimonios más curiosos mencionado por los testigos es el de Quiteria Franco. Sabemos de esta mujer que trabajaba como criada en la casa del infanzón don Gregorio Antonio Molina y es muy probable que fuese en el huerto de la casa del infanzón dónde supuestamente tuvo lugar lo descrito por esta testigo (puesto que al acabar de trabajar en el dicho huerto, se especifica que Quiteria marcha a su casa. Entendiéndose que había terminado su labor, presumiblemente en las tierras de don Gregorio). Otro detalle es que la narración se remonta cinco años por lo que, teniendo en cuenta que el juicio tuvo lugar en 1651 este acontecimiento debió acaecer en 1646, el año siguiente a la misteriosa muerte del hijo de Agustín de Mendoza.
Dicho todo esto, regresemos a la narración de Quiteria. Estando la testigo en un campo de labranza se encontró de pronto con María Vizcarreta que llevaba consigo un plato lleno de almendras verdes, María se presentó ofreciéndole algunas de estas y le indicó que se las comiese. Sin embargo Quiteria, teniendo presente los rumores de que era una bruja, no quiso comerlas así que espero a que María se fuese y las arrojó a una acequia. Debió pasar el tiempo y Quiteria emprendió el camino de regreso, sin imaginar que cuando enfrentase la entrada de su casa hallaría allí a María; que esperaba pacientemente su retorno del huerto. En cuanto vio aparecer a Quiteria, se acercó a esta y preguntó sin mayor preámbulo "si las avia comido" refiriendo a las almendras por supuesto. Quiteria dijo que sí, sin darle mayor importancia, pero entonces María "replicò, que no las avia comido, y que mas le valia averlas comido, que averlas echado en la cequia". La testigo debió enmudecer en aquel instante "pues avia adivinado que las avia echado, sin estar presente, ni averlo visto". (Es cierto que hasta aquí existe una posible explicación: María, consciente de su mala fama -ya que había sido difamada a causa de la muerte del hijo de los Mendoza-, entregó las almendras a Quiteria para comprobar si las comía. Si en vez de marcharse verdaderamente, se escondió en algún rincón pudo ver como Quiteria echaba las almendras a la acequia. Por lo que iría a esperarla a la puerta de su casa para confrontarla. Es preciso aclarar que esto solo es una hipótesis que pretende arrojar luz sobre unas declaraciones tan singulares. Declaraciones que retuercen ahora su trama...).
Desde aquel mismo día hasta diecisiete meses después Quiteria se sintió víctima de alguna enfermedad. Estaba indispuesta y "temiendo si estava hechizada" acudió al sacerdote de la villa para que le practicase sus exorcismos (vemos que los exorcismos como técnica para deshacer maleficios se repiten, constituyendo una posible costumbre). Será con estos exorcismos con los que expulse hasta trece "cosas todas de una misma traza, que parecian almendricas", añadiendo que Quiteria no había comido almendras (habían pasado meses y ya no era época de almendras). La testigo se recuperó tras los exorcismos y no le cupo ninguna duda de que era obra maléfica de María; este testimonio, aunque menos grave que los anteriores, causó enorme asombro entre los lugareños. Tanto es así que algunos testigos como el propio don Gregorio Antonio Molina o Iusepe Asin -otro criado de don Gregorio, al que Quiteria debió contar la experiencia en el trabajo- vuelven a contarlo como demostración anécdotica de la infamia de María.
Pasaremos a continuación a exponer lo testificado por los justicias de Calatorao y Lumpiaque respectivamente. El primero, de nombre Miguel Miravete, era infanzón y ciudadano de Zaragoza. Revela en su testimonio una información cuanto menos interesante: "avra quatro años... y aviendo entendido la avian desterrado por Bruja...", recuperaremos más adelante la cita para atender a lo que sigue, sin embargo merece la pena detenerse un momento. Miguel acaba de declarar que antes de este juicio María ya había sido procesada antes por brujería como mínimo en 1647 (remontándonos únicamente los cuatro años de la cita, pero pudiendo ser este juicio anterior al "encontronazo" con Miguel).
María habría sido condenada esta ¿primera? vez al destierro, pero ¿de donde?. ¿Acaso fue esta la razón por la que abandonó su posiblemente natal Calatorao? Contemplando la contingencia de que María no fuese natural de Calatorao ¿refiere entonces Miguel a un proceso previo a la llegada de María al municipio calatorense? Es imposible de saber con exactitud, ya que este supuesto primer proceso no ha sido hallado a día de hoy...
Volviendo al testimonio en sí, Miguel indica que "tenia orden de los Señores Canonigos del Pilar de no admitirla" (de nuevo se presenta la disyuntiva, ¿no admitirla en Calatorao o en Zaragoza? Si refiere a que no le permitía penetrar en Calatorao, quizás también sea posible que María fuese de origen zaragozano). A esta negación María presuntamente respondió "con colera, y enojo", defendiéndose Miguel con la señal de la higa, lo que derivó en que la acusada lo amenazase. Nada más comenta Miguel, pero lo poco que dice siembra nuevas dudas sobre los antecedentes de María. Igualmente alusivo a su pasado es el testimonio del justicia de Lumpiaque, cuyo nombre no se menciona, y que comienza su testificación explicando que María había asistido como partera a su mujer una vez pero que no quiso que la asistiera en una segunda ocasión porque "... dos ovejas que le degollaron, entendio que avia sido la causa Francisco Escrivano", es decir debido a que su marido había supuestamente matado a parte de su ganado (nos queda la duda de que si en efecto él los mató, ¿que le llevó a hacerlo?) el justicia de Lumpiaque le prohibió cuidar en calidad de comadrona a su esposa. María "se lo rogava" (más posiblemente por pobreza y hambre que por mejorar su fama), pero al final "se recibio con otra".
Pasaron dos o tres días del alumbramiento (esto no se debe a una inexactitud mía, amén de: "a la segunda o tercera noche que pario..."), y estando el justicia de Lumpiaque en la calle a las diez u once horas de la noche (de nuevo: "a las diez, ò onze horas de la noche...") comenzó a sentirse indispuesto, se le erizó el vello y se apoderó de él una fuerte desgana. Decidió regresar a casa y quedó petrificado al encontrar a su mujer "sin sentido, y cayendo de la cama...", al noveno día vio que su recién nacido hijo sufría sin aparente explicación. A la mañana próxima estaba muerto, "quedo todo cardeno, y morado, señal de hechizo segun a oido...", (otra vez se nos presenta la coloración morada de la piel como indicio de maleficio letal). El justicia de Lumpiaque no reparó en lo acaecido con María y no pensó en primera instancia que fuese su culpa empero "aora q està presa por los temblores, el erizo, y el enfado que tuvo con la acusada, tiene sospecha ha sido la causa". De este modo, a María se la acusa de un nuevo infanticidio, aunque este no pesará en el juicio tanto como el del hijo de los Mendoza.
Hasta este momento nos hemos centrado en los testimonios de los testigos y acusadores, pero no hemos pensado en un importantísimo factor, al tiempo que tenían lugar estas testificaciones ¿dónde estaba María?, ¿qué le estaba pasando?
Quizá por primera vez en el artículo tenemos una respuesta segura -no os acostumbréis-. María estaba en prisión a la espera de juicio y mientras tanto se recababan evidencias en su contra: el no haber llorado desde que fue capturada, tener por oficio el de partera... etcétera. En determinado momento fue despojada de sus ropas y examinada desnuda en busca de una marca que sugiriese pacto diabólico y, como no, se descubrió en su espalda un señal con forma de mano.

El justicia de Épila mandó a llamar a un viejo conocido nuestro, Pedro de Asta para que le hincase "una aguja muy grande de yerro, hasta la paleta de la espalda, por la parte q estava dicho señal, sin que ella lo viera...". Según la creencia popular, las marcas de bruja eran insensibles y ni los cortes ni los pinchazos causarían dolor en dicho señal; por lo que la inocencia de María dependía de si mostraba sufrimiento o si no. Los presentes observaron como Pedro de Asta retorcía la larga aguja una vez clavada en la espalda (desconocemos si este ensañamiento fue porque era parte de la propia ordalía o porque Pedro deseaba infligir daño a María debido a la sospecha de que fuese la causante de la muerte de su hijo) y a María "no le vieron lagrima,... ni aun afectados gemidos."
Para confirmar, fue preguntada sobre que sentía y en dónde, a lo que ella respondió que no lo sabía. Más tarde sería puesta al corriente de lo que había sucedido, y entonces María presentó una cédula de defensiones al justicia. En esta cédula decía que la marca había sido elaborada por los propios examinadores con ventosas calientes y que después de pasar días llorando sola en su celda con gran dolor en la espalda por las quemaduras, no lloró ni sintió nada con la prueba de la aguja. También aseguraba que en realidad "era persona de buena fama, y reputacion, y que ninguno le avia visto hazer hechizos... y que dello no era la voz comun". No obstante, de poco o más bien de nada le sirvió a María el esfuerzo; el justicia dictaminó que la prueba de la aguja había sido realizada cuando ella estaba en sus plenas facultades, que la señal era verdadera y de naturaleza maligna y que los múltiples testigos que habían reunido no daban cuenta de su supuesta buena fama sino de su reputación como hechicera.
Pero hay más, "por no tener en Calatorao pariente, ni persona que lo hiziese (y ella y su marido estar presos en Epila)" fueron a casa de María el Justicia y el Alcaide de Épila para (presuntamente) "recoger los muebles... porque no se le perdiessen, ni robassen...". (Personalmente tiendo a creer que tenían la intención de registrar la casa y que esto es solo una excusa, puesto que no hay explicación para que un alcaide y un justicia se tomen semejantes molestias por una acusada de brujería. Sin embargo es una opinión personal y no hay información que lo confirme explícitamente). La cuestión es que una vez en casa de María, vieron que en un pared tenía dos trenzas de pelo rubio "diferente del que lleva" (es decir, que por el color sacaron en claro que no era suyo) y "en otro puesto de dicha pared un pelluco como emboltorio de cabellos negros, atados con una veta de hilo colgado". En un arca del aposento descubrieron muchos "potes" y dos ungüentos pestilentes empaquetados en papel de estraza (de nuevo, Pedro de Asta fue llamado para que examinase los untos. Pudo reconocer solo uno de ellos, aunque en el proceso no se pone por escrito que era finalmente la "untura" identificada).
No me preguntéis por qué pero también levantaron los colchones que conformaban el lecho de María y precisamente allí escondida encontraron una piel de carnero muy raída. De la piel extrajeron "una figurita pequeñita sin pies, ni braços, porque los tenia rompidos,...tenia azia la parte de la cabeça unas gotas de sangre,... y tenia en el cuello unas vetas de lana atadas y en medio de ellas una pluma de gallo, ò gallina..." , tanto el Alcaide como el Justicia aseguran que se trataba de un cristo al que María habría profanado y vilipendiado. Sin embargo, en ningún momento se menciona que María vuele al conventículo con otras bruxas (aunque a veces se sugiera veladamente, no aparece como acusación formal) y de su supuesta relación con el Demonio solo se hace referencia a la marca o señal. En cambio, todas las acusaciones que se vierten sobre María hacen alusión a una presunta práctica del "maleficium" o magia dañina. Lo que le otorga precisamente el cargo de "hechizera". Entonces ¿por qué habría de profanar el cristo?, en el hipotético caso de que el hallazgo fuese real y que María fuese la responsable; ¿qué motivó a María para llegar a destruir una imagen religiosa?. Es difícil imaginar que en una sociedad tan fervientemente cristiana alguien se arriesgase a vilipendiar un cristo y además guardarlo en casa como si fuese un trofeo.
Dando por hecho que verdaderamente se encontraron todas estas cosas en su casa podemos desarrollar una posible explicación. Los ungüentos pudieron ser empleados en el oficio de María como partera y presunta sanadora (véase el análisis del testimonio de Vicenta Sopena), Pedro de Asta asegura reconocer uno; lo que indica que por lo menos este unto serviría para fines curativos. Los "potes" pudieron ser simplemente los recipientes en los que María tuviese las hierbas y preparados que usase, de nuevo, en su ocupación de curandera. Las trenzas y el "pelluco... de cabellos negros" pudieron tener que ver con ritos mágico-medicinales, allá por 1645 en Ejea de los Caballeros Águeda Samacio -también partera y posible sanadora- confesó ser capaz de curar niños cortándoles unos cabellos, rezando una oración sobre estos y después quemándolos en una chimenea. En algunos lugares del mundo es costumbre ofrendar el cabello recién cortado a ciertos santos como Juan Bautista. E incluso podemos remontarnos a la antigüedad respecto a la ofrenda de cabellos; por ejemplo según una leyenda, la reina de Libia Berenice II cortó su melena para ofrendarla a la diosa Afrodita y pedirle a cambio que protegiese a su marido. En "La Ilíada" de Homero vemos algo similar cuando Aquiles corta su pelo para depositarlo en la pira de Patroclo -declarando que en un primer momento reservaba este sacrifico para hacerlo al espíritu de un río-:
"...el divino Aquiles, el de los pies ligeros, tuvo otra idea: separándose de la pira, se cortó la rubia cabellera, que conservaba espléndida para ofrecerla al río Esperqueo; y exclamó apenado, fijando los ojos en el vinoso ponto: -¡Esperqueo! En vano mi padre Peleo te hizo el voto de que yo, al volver a la tierra patria, me cortaría la cabellera en tu honor y te inmolaría una sacra hecatombe de cincuenta carneros cerca de tus fuentes, donde están el bosque y el perfumado altar a ti consagrados. Tal voto hizo el anciano, pero tú no has cumplido su deseo. Y ahora, como no he de volver a la tierra patria, daré mi cabellera al héroe Patroclo para que se la lleve consigo."

Respecto a la figurita envuelta en piel de carnero, podría ser una efigie empleada en prácticas de hechicería o magia folclórica y no un cristo profanado. Ya fuese empleado con fines dañinos (para maldecir) o con intenciones benefactoras (curar enfermedades, proporcionar protección...) estos son muy comunes desde los albores de la humanidad y se encuentran similares en la mayoría de civilizaciones. A día de hoy aun se conserva la tradición de fabricar una efigie que simbolice todos los males y amenazas de una comunidad para a continuación apalearla y quemarla -purgando estos males en una suerte de sacrificio o inmolación expiatoria, herencia directa del pasado-. Este supuesto uso de la efigie encaja más con el perfil de María que se ha ido descubriendo a lo largo de este análisis, el de sanadora popular y comadrona. Del mismo modo que se refieren a sus ensalmos como parte de su praxis mágico-medicinal, no resulta tan descabellado suponer que la efigie y las trenzas serían igualmente elementos empleados en rituales de curación como los de Águeda Samacio; aunque todo esto sea solo una hipótesis.
Llegando al final del proceso resultan muy llamativas unas líneas escritas en latín que vinculan la brujería con entes incorpóreos asociados a la mortandad: "A las Bruxas, dizen vnos Lamias... Otros Striges... Otros las dixeron, Larvas o Lemures, porque en el silencio de la noche se aparecen en sombras, ò fantasmas... Y por eso el Griego las llama Lilith...". También dice en un alarde de despreocupada misoginia "que en este delicto son mas faciles de engañar las mugeres... Y es mas frecuente en las Comadres... y particularmente en las viejas, que aborreciendo a la niñez las engaña el Demonio, dándoles a entender, -son capaces de rejuvenecer tragando la sangre de infantes, traducción propia del latín-. Más adelante añade separado en versos como si de un poema se tratase -traducción propia del latín-: "Vuelan de noche y buscan niños para alimentarse:
y rompen las cunas, arrebatando sus cuerpos.
Escogen a los que aun son lactantes:
se llenan la garganta y beben de su sangre."
Para terminar, las actas del proceso concluyen con que María fue declarada culpable y ahorcada en Épila "un dia de abril del mismo año". No sabemos con exactitud si fue realmente una mujer iracunda, rencorosa y de mala fama, ni si realmente empleaba ritos y ensalmos para curar o atender partos; y probablemente jamás lo averigüemos con total certeza. Lo que si sabemos es que sufrió un proceso injusto en el que los testigos narraban libremente sucesos en los que la responsabilizaban de hechos que a día de hoy nos resultan inverosímiles. En aragonbrujo hemos intentado conservar ambas concepciones (tanto de María como del juicio que acabó con su vida): la racionalista e historicista que pretende analizar llanamente lo ocurrido, y aquella más antropológica que se lanza a través de la comparación y la reflexión a intentar entender porqué ocurrió lo descrito y si realmente pudo haber algo de practica "hechiceril" o "supersticiosa" en la ocupación de María. Algo que, por supuesto, no sería imposible puesto que desde áreas de investigación como la antemencionada antropología o la etnología, ha quedado más que patente que la religión oficial se entretejía con el folclore local y las creencias populares. Configurando todo ello una intrincada red de mitos, de fe y de cultura que acogía sin distinciones oraciones capaces de curar males, exorcismos para purgar maleficios, hechiceras rencorosas, brujas volantes, nocturnas y espectrales, amuletos contra el mal de ojo y un interminable etcétera. A esta red, desde aragonbrujo, queremos acercarnos. Dejando lado los prejuicios de una sociedad marcada por la lógica y la ciencia, nos place sumergirnos en las creencias y costumbres de las gentes que, antes que nosotrxs, poblaron Aragón.

Sobra decir que en el proceso no aparecen confesiones de la acusada porque María en todo momento aseguró su inocencia. Llegando a presentar una cedula que si bien no le sirvió para salvarse a si misma, sí nos sirve a nosotrxs para imaginarnos la desesperación y el miedo que debió experimentar.
Este análisis nos ha servido para revela que en Épila existe una historia de la que poco se ha hablado hasta ahora, la historia de mujeres como María Vizcarreta o como María Luisa Noella (cito de Ángel Gari Lacruz, véase bibliografía) "de Epila (Zaragoza)…juzgada por asistir a un aquelarre, por la justicia ordinaria, en 1631". O como Ana Marco de Épila procesada por brujería y hechicería en 1631 (información e imagen extraídas de "El abogado de las brujas. Brujería vasca e Inquisición española" por Gustav Henningsen, véase bibliografía). A todas ellas y a su memoria se les dedica este artículo.
Esperamos que os haya gustado y que hayáis disfrutado de la lectura, nos gustaría saber vuestra opinión (podéis escribir un comentario aquí o mandarnos un mensaje privado en Instagram). Podéis escribirnos el siguiente proceso que queráis que analicemos en profundidad, ya sea que lo hayamos tratado en Instagram o no. Muchas gracias por leernos y ¡feliz domingo!
BIBLIOGRAFÍA:
"In processu Procuratoris astricti villae de Epila super criminali contra Maria Vizcarreta", disponible online en https://bibliotecavirtual.aragon.es/es/catalogo_imagenes/grupo.do?embebido=S&path=3715527&posicion=3&presentacion=pagina®istrardownload=0
"La Ilíada" por Homero. De dominio público, disponible en http://bibliotecadigital.ilce.edu.mx/Colecciones/ObrasClasicas/_docs/Iliada.pdf (cita extraída de la página 509).
"Los aquelarres en Aragón segun los documentos y la tradición oral" por Ángel Gari Lacruz. Disponible en https://antropologiaaragonesa.org/pdf/temas/4.12_Los_aquelarres.pdf (cita extraída de la página 18).
Ofrendas de cabello a San Juan Bautista. https://www.youtube.com/watch?v=Cbxz0wmemG8
"Curar con palabras (oraciones bajomedievales aragonesas" por María del Carmen García Herrero y María Jesús Torreblanca Gaspar. Disponible en https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=127449
"Administrar del parto y recibir la criatura. Aportación al estudio de la Obstetricia bajomedieval" por María del Carmen García Herrero. Disponible en https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=108383
"Comadronas-bruja en Aragón en la edad moderna: mito y realidad" por María Tausiet Carlés. Disponible en https://antropologiaaragonesa.org/pdf/temas/6.08_Comadronas_brujas.pdf (sobre la relación entre el oficio de partera y las sospechas o acusaciones por brujería, en Aragón)
"Ofrecer el cabello" 2016, por Dr. Xavier Sierra Valentí. Disponible en http://xsierrav.blogspot.com/2016/02/ofrecer-el-cabello.html
"El justicia de Aragón en la rebelión de 1591. Una aproximación al papel de los letrados en el levantamiento aragonés contra Felipe II" por Jesús Gascón Pérez. Artículo del IV Encuentro de estudios sobre el justicia de Aragón en mayo de 2003. Disponible en https://eljusticiadearagon.es/wp-content/uploads/2020/03/IV-Encuentro-de-estudios-sobre-el-Justicia-de-Arago%CC%81n.pdf (sobre la situación que afrontaba la comarca zaragozana de Valdejalón antes, durante y después del proceso de María).
"La magia simpática según Frazer" 2014, por Alvar Nuño. Disponible en https://www.cairn.info/revue-dialogues-d-histoire-ancienne-2014-1-page-147.htm (sobre el uso de efigies/fetiches y las creencias mágicas detrás de dichas prácticas).
"The allure of Curses and Magic in Ancient Greece" 2021, por Jacey Quah (Hellenic Museum). Disponible en https://www.hellenic.org.au/post/the-allure-of-curses-and-magic-in-ancient-greece (sobre los kolossoi)
"Construction and Use of Ancient Greek Poppets" 1996, por Apollonius Sophistes. Disponible en http://opsopaus.com/OM/BA/GP.html (sobre los kolossoi)
"El abogado de las brujas. Brujería vasca e Inquisición española" 1983, por Gustav Henningsen. (cita e imagen extraídas de la página de 173)
"The Visions of Isobel Gowdie. Magic, Witchcraft and Dark Shamanism in Seventeenth-Century Scotland" 2010, por Emma Wilby. (Provee de un modelo de análisis de procesos por brujería muy interesante y a nuestro juicio, innovador).

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